Réquiem a las Águilas Guerreras.
Un humilde homenaje al coraje y valor de los NIÑOS HÉROES MEXICANOS,que ofrendaron su vida por amor a su Patria.
El combate feroz de dos naciones
que luchan por distintos ideales;
una por el poder, la gloria, los blasone,
la otra por el honor, patriotas leales.
El coloso del norte quiere tierra
y el suelo mexicano es buena presa;
necesita poder aunque haya guerra
sin importarle ética y nobleza.
Atacan el castillo que en la cima
es nido de las Águilas Guerreras,
saben que solo hay niños, les anima
el instinto de sangre de las fieras.
Si, solo hay aguiluchos, solo niños,
cachorros aztecas con sangre de sol;
pequeños que tienen las garras brillantes
con el solo brillo que brinda el valor.
El batallón de San Blas defiende el cerro,
allá en las faldas mismas rechaza al extranjero.
Trescientos mexicanos contra mil invasores,
¡Cátedra de valor y amor sincero!
El infante patriota se resiste
y el extranjero los refuerzos clama.
Nuestros infantes luchan, aún existe
un hálito de vida entre sus almas.
Y los cadetes Montes de Oca y Márquez
mueren con Juan Escutia, acribillados,
encontrando con ellos, ya sin parque,
los inertes fusiles a sus lados.
A Barrera, teniente de ingenieros
lo mató el enemigo mientras fortificaba
el castillo en la falda de aquel cerro
que tanto sentimiento le inspiraba.
El nido de las Águilas sucumbe
ante el choque violento del cañón;
del caer de los muros, el retumbe
hiere infame su tierno corazón.
Pese al fuego que invade su colegio
los cadetes-aún niños-que en el viven
dan de valor y amor ejemplo regio,
pues pese a todo en la defensa siguen.
Un oficial, mentor de los cadetes,
los infantiles pechos inflaman de valor
y les insta a luchar, a ofrecer muertes
con frases impregnadas de calor.
¡Que bajen los alumnos! ¡Retirada!
Viene gritando un joven pregonero,
¡Que salgan del colegio! ¡A la explanada!
¡El castillo ha tomado el extranjero!
Retirada. Los aguiluchos fingen no escuchar;
los fusiles levantan agotados,
decididos se aprestan a luchar
por su Patria y castillo tan amados.
Determinado el enemigo avanza,
el fusil mexicano ya no truena.
Impregnado el recinto de lúgubre bonanza
donde el paso enemigo con el eco resuena.
¡Pero aún quedan infantes mexicanos!
Melgar, parapetado en las galeras
dispara su fusil no siempre en vano
y el extranjero cae, gimiendo apenas.
Casi al instante mismo en otra sala
rivaliza en valor Vicente Suárez,
agotado ya el parque la bayoneta cala
para marcar el alto a los rivales.
Águilas y aguiluchos cayeron en combate
como muda advertencia de valor
a todo el extranjero que un día trate
de probar por la patria nuestro amor.
Alguien que refirió la anécdota fielmente
cuanta que en ese cerro, el la ladera,
el extranjero aquel besó la frente
del niño que cayó con su bandera.
Juana Rivera Medina. ©®
Gracias a ti descubri, que los sueños no necesitan imágenes reales para formarse.
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