Muertas las musas ya de su alma buena,
o dormidas quizá por mucho tiempo.
Perdió su misticismo la poeta,
se ha vuelto terrenal como cualquiera.
Hoy su mente no corre tras las rimas,
hoy no intenta escribir palabras nuevas
y un nombre con amor, pronuncia leve,
envolviendo en suspiros cada letra.
Y sueña como antes, como siempre;
pero esta vez el sueño tiene rostro,
ya no es el sueño aquel, la fantasía
que poblaba sus noches y su vida.
Está viviendo ahora su esperanza,
y embriagada su mente de colores,
vive el romance aquel que un día escribiera
para llenar su entonces quieta noche.
Ha encontrado un amor más grande y puro,
un motivo mejor de ser feliz.
Su poema más grande lo ha encontrado
y hoy empieza por fin a sonreir.
Descendió de las cumbres de las liras
a los terrenos firmes de mujer.
Dejó hacia un lado los versos y la pluma
y paso abrió al amor por prima vez.
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