domingo, 21 de abril de 2013

Yo me llamo mujer...y soy alcohólica.

No se como empezó ni donde fue


que inundé mis sentidos de licor;


creo que me sentía sola, abandonada.


Primero fue una copa y sentí alivio


podía enfrentarme al mundo cual si nada.



Luego fue diferente, no bastó,


no alejaban mis penas una sola;


luego tomaba dos y luego tres,


y un día de tantos días me di cuenta


que una botella entera se hacía poca


para sentirme fuerte;


ahora si estaba sola,


la gente me rehuía,


se alejaba de mí, me despreciaba,


señalaban mi nombre y mi apellido;


mi familia caía junto conmigo,


más yo seguía viviendo en otro mundo


ahogada de licores y de sueños,


viviendo fantasías de beodos necios


destrozando mi cuerpo desde dentro;


pero yo me sentía sosegada y feliz,


me importaba vivir solo el momento


embotado el sentido con licor.


Pero ay de aquel que osara con decirme


que debía de alejarme del alcohol;


fuera mi madre, padre o mis hermanos,


con palabras o golpes respondía;


o si en actos de amor que no entendía


escondían o tiraban todo el vino


acusarlos de crueles y de fríos


parecíame muy poco.


El efecto de ausencia que sufría


mi cuerpo ya carente de humedad,


producía en mi sentir tal agonía


que lástima causaba a su bondad


y acababan cediendo a mi pedido


volviéndome a llevar de nuevo al vino


que apuraba como agua, sin sentido,


sin importarme nada mi destino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario