Sin más que una sonrisa
yo te ofrezco mi mano,
aunque no te conozca
yo te llamo mi hermano.
Mi hermano por la sangre
que corre por tus venas,
mi hermano por tu alma
¿No son razones buenas?
Pues entonces te quiero
por tu piel negra, clara,
amarilla, rojiza,
por tu tierna mirada.
Por tus pies que andariegos
cruzaran mil veredas,
o por los tuyos finos
que no saben de penas.
Por tus manos callosas
laborante incansable
o por las tuyas suaves
y de tacto agradable.
Por tu voz que acaricia
cuajada de bondades,
por la tuya que ordena,
que trasmina maldades.
Más nada de eso importa
porque tú eres humano;
mi mano yo te ofrezco
porque somos hermanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario