Tengo tan poco suyo en la memoria,
son pocos los recuerdos que dejó
de ese amor que en su tiempo fuera gloria,
de ese amor que mi sueño renació.
Unos ojos dorados donde el sueño
parecía que anidaba eternamente;
ojos de miel dorada, fresco seño
que intentaba cubrir el fuego ardiente.
La boquita gentil de risa fácil,
de besos anidados, expectantes;
el vello juvenil, de curva grácil
que enmarcaba sus labios anhelantes.
Su cabello finito, despeinado,
que tejidos llevaba hilillos de oro,
su carcajada fresca y su llamado
están en los recuerdos que atesoro.
Pero ha sido su voz, miel y tormento
que insistente y tenaz turba mi calma,
el recuerdo más vivo que alimento
con pequeños trocitos de mi alma.
Me despierta en la noche su sonido,
en cualquier cosa creo escuchar su son;
y si escucho sus nombres el olvido
raudo se escapa de mi corazón.
Y le escribo mil versos amorosos
y mi llanto se esparce incontenible;
son tan pocos recuerdos, más que hermosos,
y más que nada poco es preferible.
Tengo tan poco suyo en la memoria;
son pocos los recuerdos que atesoro
y siendo así de pocos son historia
de aquel hermoso amor que tanto lloro.
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