Ávida de recuerdos, de añoranzas,
volví a la senda aquella donde un día
te alejaste, perdida la esperanza,
sintiendo que ya pronto morirías.
Todo está tan cambiado,
toda la calle es nueva, no hay mas piedras,
hay muchas casas grandes y han pintado
de colores alegres, no hay más hiedras.
El arroyuelo aquel de agua fangosa
lo ha tapado el progreso, todo es calma,
la otrora casa vieja hoy es hermosa
solamente en la esquina está la palma.
Me acerqué a acariciarla como antaño
y mis ojos volvieron al pasado;
cómo ha volado el tiempo, son veinte años,
ya veinte años amor que te has marchado.
Yo me volví a sentar bajo sus sombra
y llegó tu recuerdo junto a mí.
El corazón grabado aún nos nombra
como en el año aquel que lo escribí.
Ay mi Pájaro Triste, cuánto te amo
y cuan grande es la herida que aún restaño.
Parece que fue ayer que nos besamos
y sin embargo amor, han pasado veinte años.
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