Cuando la noche cae,
cuando me cubre la oscuridad fatal,
cuando el sueño interrumpe mis quimeras,
fugaz se va mi mente
al oscuro infinito de los sueños,
al cómplice universo
que hace de mensajero,
que acorta las distancias,
que va y viene con besos.
En ese instante tengo
tan cercano tu cuerpo
que parce imposible
que te encuentres tan lejos.
Yo te extiendo las manos,
te apresuro a que vengas;
pareces vacilante
caminando hacia mí,
te detienes a pasos y así miras
mis manos extendidas.
Una luz cegadora se levanta,
damos la marcha atrás enceguecidos,
y es justo entre los dos que ha renacido
la luz de la esperanza
que nos pide confiemos en la suerte
y esperemos los tiempos de bonanza.
Ya te vas alejando poco a poco,
te vas desvaneciendo frente a mí,
pero la luz brillante se ha quedado
como mudo testigo de la fe;
se abandona en mi pecho y hace nido
dándome la confianza que a tu lado
ya pronto volveré.
Cuando la noche cae
cuando me cubre la oscuridad fatal,
cuando el sueño interrumpe mis quimeras,
fugaz se va mi mente
al oscuro infinito de los sueños
y así es que vuelvo a verte
aunque lejos te encuentres.
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