Primer vuelo.
Madrigal a mi madre.
Ya crecieron mis alas
y me alejé del nido,
sintiendo que llegar podía muy lejos.
Bajo mi ala, la fuerza de mil vidas
me alentaba muy alto.
Y volteaba a tu lado,y sonreía
al advertir tus manos extendidas,
tu gesto preocupado,
temor a mi caída.
Porque caí, no una, sino miles
al abismo de dudas y quebrantos;
siendo siempre tu mano que amorosa
curara mis heridas.
Luego, cuando sanaba, impetuosa,
como joven que yo era,
volvía a extender mis alas
para dejarte sola.
Me hirieron los amores,
los vientos me golpearon inclementes,
destrozando mis alas,
dejándome agobiada,
sin ninguna esperanza.
Y entonces, como un sueño,
perfilábase un rostro en mi agonía.
Era tu rostro suave, dulce y tenue
que me alentaba al vuelo y sonreía.
Siempre estabas presente en los momentos
que mi fé decaía y mi esperanza
comenzaba a perderse.
Y hoy que el tiempo ha pasado por nosotras,
que puedo mantenerme en pleno vuelo,
que aprendí a sostenerme en la carrera;
si se pierde la ruta y tengo miedo,
marcho atrás el camino y siempre vuelvo
donde sé, madre mía, que tu me esperas.
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