Amiga, más que mi amiga hermana,
decirte que he sufrido por tu ausencia,
relatarte mis horas, tras la espera que vana
hacía recrudecerse mi dolencia,
sería como escucharlo en tus palabras,
sería como si hablara con tu voz;
porque yo leo en tus ojos con que abras
ese puente que existe entre las dos.
En un tácito acuerdo pretendamos
que tres años el tiempo nos robó;
tomemos el camino que dejamos
cuando la duda cruel lo mutiló.
Echemos esos años al olvido
ignorando la ausencia que nubló
las vidas de dos seres que ha querido
más allá de la duda y del rencor.
Pretendamos perdidas las semanas,
olvidando lo aquello que pudiera
separar a dos almas más que hermanas
un alma que entre dos se repartiera.
Por eso, en el arcón de lo pasado
vayamos a guardar los años idos
pongámosle el letrero de vedado
cubriéndolo completo con olvidos.