miércoles, 24 de abril de 2013

Quisiera no estar atada.


Quisiera no estar atada y ser libre sin prejuicio,


quisiera ser, ser yo misma si atadura ni juicio;


pero afuera esta la gente, la que todo lo domina,


la que tiene miles de ojos que siempre siempre vigilan.


La que nos dice tú has esto, tú aquello,


tú no hagas eso, ¿que no ves que esta vedado?,


Tú no rompas ese plato, no cometas el pecado,


no te juntes más con ella, no lo ames, es casado.


No frecuentes a fulana porque lleva vida alegre,


no dirijas la palabra a ese borrachín de pierde.


¡Pero si es un pobre diablo sin un real en el bolsillo!


¿Y éste como anda con ella, si apenas es en chiquillo?


¿La comadre?... ¿la vecina?...imposible, ¡no lo creo!


¿Pero cómo?, en increíble, si ayer estaba re' bueno.


¡Todo! En todo está esa gente.


Que si ya dio su mal paso, que si el chiquillo no es de él.


Todo muerden todo ruñen, todo rompen sin saber.


Te cuidan todo detalle, "de seguro fue Miguel."


Que si traes la blusa abierta o la falda muy arriba,


o zapatos de tacón...


Mira con que novio anda, que chiquilla descarada


besuqueándose en la calle. Les digo que yo lo sé


si el hijo de Don José de a diario brinca la barda.


Esas almas puritanas que pululan allá afuera


son como mil cancerberos cuidando de honras ajenas,


viendo un huequito siquiera para hacerlo un hoyo grande;


pero si en su casa tienen, lo tapan sin más alarde.


Son carceleros gratuitos de delitos sin prisión,


son jueces de los vecinos muchas veces sin razón,


son animales rastreros, víboras y carniceros.


Feroz cual león atacan, débil cual gorrión se esconden.


Hoy quisiera ser libre, ser yo misma...

pero allá afuera hay gente.


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