Literalmente ante sus pies postrada
supliquéle una vez la indultación,
y su boca, su boca tan amada
me contestó que no, sin emoción.
Su corazón fué sordo a mi pedido,
me negó su perdón y así su amor;
dijo que podía darme solo olvido,
que volver a quererme era dolor.
Recogí los destrozos de mi orgullo
irgiéndome ante él con altivez,
de entre mi corazón recogí el suyo
y lo puse en sus manos de una vez.
Me alejé presurosa de su lado
temiendo que el dolor viera en mis ojos;
me alejé para siempre del amado
objeto de placer, de amor y enojos.
Lloraba sin llorar cuando noté,
al sentir como un hueco en mi costado,
que unido al corazón que le entregué
mi pobre corazón se había quedado.
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