No supe ni tu nombre;
ni religión , ni raza, ni asunto familiar.
Te olisquée a la distancia,
te sentí entre la bruma.
Me acerqué , te acercaste
y en el siguiente instante,ya estábamos unidos,
se buscaron las manos,
se conjuntaron pieles, sabores y sonidos
Los ojos fijos el un sobre el otro;
nos mostramos los dientes en conciencia.
Yo no te conocía, tu no sabías quien era.
Flotaba en el ambiente nuestra escencia.
Así, como dos perros amarillos,
que al toparse en las calles vecinales,
al menearse las colas , al olerse
se sienten como amigos entrañables.
Así, como dos perros, sin sentido,
te sentí en la distancia y te llamé.
Tu acudiste meloso, y en tus brazos,
antes que amaneciera , me acosté.
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