¿Qué cúmulo de penas, que tristeza,
guarda le sombra que silente vaga,
traspasando los muros y los patios
de la vieja casona?
¡Que dolor tan profundo hay en sus ojos,
y en la súplica muda de sus labios!
¡Cuantas sombras arrastra por las losas
del patio de las nueces!
Se esconde tras un árbol gigantesco
y camina y camina por el puente;
luego vuelve a la casa , a la cocina,
y tras la chimenea desaparece.
¿Qué será su pendiente? Cuál su deuda'?
¿Cuál de sus hijos busca? Cuál amor?
La vi pasar anoche por mi cama,
pero nunca volteó.
Fue dejando una estela de agria melancolía,
una aroma de lilas, de lluvia , de dolor;
intenté detenerla ,pero mi voz no pudo
mis brazos se tensaron, lloró mi corazón.
¿Qué buscará la sombra de la vieja casona
cuando silente vaga tras la ausencia del sol?
¿Por qué la Virgen muda la mira tan amarga?
¿Y por qué llora el Cristo, con genuino dolor?
¿Qué necesitas sombra, que me pides?
¿Por qué solo caminas y caminas sin ton?
¿Por qué al son de la lluvia llanto amargo destila?
¿Que necesitas dama? ¿Que me requieres flor?
El sol se marcha entre la nogalera,
tiñendo de colores el árbol de peral,
el fraile se estremece, los pájaros de callan,
cuando inicia su ronda la dama nocturnal.
La sombra peregrina que habita el paraíso,
la dama de tez blanca, de negra cabellera,
la madre que así gime, la amante que aún espera,
el fantasma que arrastra tanta tristeza y pena.
Sale de entre las cruces de madera,
se pierde en los pasillos, en las losas,
seguida por los ojos de la Virgen
que la vigila siempre como madre amorosa.
Juana Rivera Medina. ©®
Gracias a ti descubri, que los sueños no necesitan imágenes reales para formarse.
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